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Revista Archipiélago, núm. 60, abril de 2004

TELEVISIÓN: LA MIRADA EN CONSTRUCCIÓN 

La TV que viene: entre guerrilla comunicativa y autoorganización social

¿Qué hacer con la TV?, ¿sigue siendo el medio “malo” por excelencia?, ¿para qué la podemos utilizar, si es que sirve de algo?, ¿queremos destruirla? ¿cómo? ¿y si la transformáramos en un juguete?... Hay muchas preguntas que hacerse sobre la TV. Aquí voy a tratar de apuntar análisis y reflexiones acerca de una serie de ideas, experiencias y proyectos que están surgiendo en el campo social, más allá de la tradicional concepción de la TV como herramienta en manos del poder (económico y/o estatal).  

Los medios de “comunicación social” forman parte de una esfera pública no estatal –en la que encontramos también otras iniciativas comunicativas, culturales, de servicios...- en permanente construcción mediante la cooperación social. La legitimación-justificación de estos medios estriba en la simple constatación que la comunicación es un derecho y no un privilegio. Creo, y creemos las que estamos implicadas en su dinamización, que su existencia puede aportar nuevos y interesantes elementos para profundizar y ampliar el debate sobre el tema comunicativo.  

Los medios “institucionales” han fracasado, quedando aprisionados entre las urpas de la partitocracia. Y los medios “comerciales” han pervertido los espacios de comunicación públicos, las antiguas ágoras, hasta convertirlos en materia de consumo, espectáculo, negocio. La práctica y las propuestas que surgen del ámbito de la comunicación social no se limitan sin embargo a la denuncia de estos hechos – de una evidencia a estas alturas lapalisiana-, sino que se dedican también a superar el concepto mismo de “contrainformación” (entendida como información producida por medios de “área” o de “movimiento”) o las ilusiones acerca de míticos periodismos objetivos, honestos, que-dicen-la-verdad (el “otro”periodismo).  

Repensar la comunicación en la era de la fábrica social  

Superada la época del capitalismo fordista, y después de un tránsito postfordista, nos instalamos de pleno en la época del capitalismo cognitivo. Uno de los elementos centrales de este nuevo contexto es que ya no sólo se produce en la fábrica, sino que es la entera sociedad la que se pone a trabajar. En la era de la fábrica social todo espacio y tiempo se vuelven productivos, la producción se vuelve social. Es decir, se rompen las barreras de la “fábrica” o de la “oficina” (espacio); así como también las de la “jornada laboral” (tiempo) y todo se vuelve productivo.  

Las capacidades cooperativas, comunicativas, imaginativas, relacionales y afectivas pasan a ser las habilidades que hacen funcionar el sistema. En este sentido, y tomando palabras de Casarini, “la comunicación es a la fábrica social, lo que la cadena de montaje a la fábrica fordista”1.  

Así pues, hay que entender los medios de comunicación como medios de producción (de imaginario, de valores, de afectos, etc.). La comunicación se pone a trabajar, por lo tanto la actividad que llevamos a cabo en el campo mediático interviene en los procesos de producción. La comunicación no puede verse entonces como una simple herramienta de conexión, como un sistema de articulaciones (que también), ya que mediante los procesos comunicativos nosotros intervenimos en la producción. De esta manera, pues, plantearnos un activismo en el campo comunicativo significa plantearnos intervenir en las relaciones de producción capitalistas; en definitiva: hacer política.  

Distintas funciones para distintos medios.  

Históricamente la TV, la radio y la prensa (a las que hay que añadir hoy las nuevas tecnologías de la información y comunicación) han ejercido diversas funciones y usos. Nacidas en épocas y contextos diferentes, en ningún caso pueden ser vistas como un todo uniforme. Cada medio tiene sus potencialidades y debilidades, así como también podemos observar como cada uno es más o menos adecuado para conseguir determinados objetivos.  

Si bien es cierto que en la actualidad evidentemente mantienen sus respectivas peculiaridades (así como sus potencialidades características), también lo es que los lenguajes (el televisivo, el radiofónico, el escrito) tienden a mezclarse. Las fronteras que los separan cada día parecen menos nítidas. La TV introduce elementos de inmediatez propios de la radio, la prensa juega con la seducción de la imagen, la radio se enriquece con aportaciones de la prensa escrita.  

Pero volvamos a la TV, el medio más criticado y odiado, pero a la vez más atractivo (ya desde los primeros años sesenta). Crítica y odio que no son nada gratuitos, sino que se basan en la idea que la TV –medio basado en la centralización, en la unidireccionalidad, en la seducción mediante la imagen y con altos costes de producción- ha sido y es un instrumento formidable de control social y de creación de consenso, dotado de un poder terrible y angustioso ya que puede actuar directamente sobre la mente de las personas introduciendo la imagen directamente en nuestros cuerpos (sin pedir permiso a nadie).  

La TV tiene una fuerza tremenda, y nos lo ha demostrado durante todos los años de la era fordisto-televisiva. Y esta fuerza ha sido utilizada en contra de la comunidad. Pero en la actualidad se nos plantean toda una serie de interrogantes: ¿La TV es un medio perdido o se le puede dar la vuelta? ¿La TV es intrínsicamente mala e inutilizable o se puede jugar con ella? ¿Debemos destruir o utilizar la fuerza de la TV?  

Diversos proyectos de medios independientes nacen a partir de estas constataciones e interrogantes, surgen entre la voluntad de destruir la TV y la de darle la vuelta al poder del medio. Aquí podríamos situar las experiencias de las telestreet2, que nacieron en la ciudad italiana de Bolonia, pero que pronto se difundieron por toda la península. Tomo prestadas las palabras de dos impulsores de estos proyectos comunicativos para ilustrar la filosofía de fondo de la iniciativa.  

Para Franco Berardi, Bifo, mediante la proliferación de proyectos de emisión desde las comunidades locales se conseguirá destruir la lógica de la TV:   “Se apunta la posibilidad de una inédita integración entre dispositivo de red y recombinación de fragmentos de producción visiva. Pero se apunta también la perspectiva de una destrucción de la televisión. Cuando las comunidades empiezan a utilizar la cámara para informar, o jugar con su vida cotidiana, la televisión deja de ser algo que se ve y empieza a ser algo que se hace. Esta es la potencialidad implícita en la microtelevisión. No se trata de hacer una televisión más justa, una televisión más bella. La televisión es siempre una mierda, sólo una mierda. La única televisión buena que se puede hacer es la que destruye la televisión, que transforma la videocámara-transmisor en un teléfono, un video-teléfono comunitario. Si ésta se vuelve una moda, un modo de ser, un comportamiento de masas, sólo los más tontos se quedarán mirando la televisión, porque los otros estarán ocupados en hacerla”3.  

Para Mateo Pasquinelli, la segunda generación de TV producirá diferentes efectos sobre la sociedad:   “Hoy finalmente se puede jugar con la televisión contra la televisión, concebir una segunda generación de TV que produzca sobre la sociedad efectos exactamente contrarios a los de la primera generación, una TV que abra los bloques-dormitorios que la misma en los años setenta había cerrado en la soledad y en la alienación, una TV que haga saltar por los aires la parrilla nacional-popular del consenso político y del conformismo”4.  

En este sentido, podemos observar algunas potencialidades de los medios independientes en el campo audiovisual. Pero si bien he apuntado que cada medio desarrolla unas funciones determinadas (no los podemos ver como un todo uniforme), también tenemos que tener presente que un mismo instrumento comunicativo nos puede servir para conseguir unos u otros determinados objetivos, dependiendo del contexto.  

Una de las características de Catalunya, que es el territorio que yo conozco y en el que desarrollo mi práctica militante, es la de poseer un importante tejido social y asociativo. La horizontalidad del movimiento y la autoorganización de la sociedad civil son elementos que destacaría de la realidad social catalana. En este sentido, las principales funciones que podrá desarrollar una TV en este contexto serán las del desarrollo de episodios de guerrilla comunicativa y la autoorganización de los nodos locales, es decir, la construcción de TV como momento de la autoorganización social.  

Los medios que vienen  

La creación de medios es un gran reto de nuestras comunidades puesto que la comunicación ha pasado a ser el alma de la producción. Pensar, inventar y construir medios de y para la sociedad civil organizada es un importante desafío en la era del capitalismo cognitivo. La reinvención de espacio público no estatal (que en este caso sería la creación de estrategias e instrumentos de comunicación social) debe ser el centro de profundas dinámicas de reflexión, confrontación y debate. No podemos concebir el “activismo mediático” sin una contextualización de las acciones y una definición de objetivos.  

La intervención social en el campo de la comunicación debe tomar en consideración el contexto en el que surge un determinado medio, así como también definir objetivos y estrategias que se persiguen. En la fábrica social en la que estamos inmersos no podemos ya concebir “la emisión” o “la publicación” como un fin en sí mismo, sino como un medio para conseguir determinados objetivos. El debate sobre objetivos y estrategias de los medios es muy necesario y debe superar un activismo inmediatista que sólo nos puede llevar a reproducir formulas de un pasado ya superado. Este debate, aunque de forma fragmentada y no con toda la riqueza que se podría esperar, se está realizando en el campo de la radiodifusión y de la prensa escrita.  

No es así, o no tanto, en el campo de la televisión. Estamos delante de un medio nuevo (en el sentido que por primera vez su tecnología se ha “democratizado”, es accesible a amplios sectores de la sociedad) y atractivo. Esto lo podemos comprobar con la multiplicación de proyectos audiovisuales. Pero no se ha expandido de la misma forma el debate sobre qué hacer con este potente instrumento comunicativo. Sin una reflexión sobre este medio y una discusión sobre objetivos podemos llegar a construir un instrumento inservible o hasta contraproducente y peligroso para nuestras realidades sociales.  

Llegados a este punto, solamente me gustaría apuntar algunos elementos que tendríamos que tener en cuenta para pensar los medios-que-vienen. Sirve para TV, pero también para todos los proyectos mediáticos que se creen desde la base, mediante la autoorganización social, creando y reinventando espacios públicos no estatales.  

a) En la construcción de instrumentos y estrategias de comunicación social debemos priorizar el “médium” y no tanto el contenido. Los medios de comunicación social ya no podrán ser solo espacios de propaganda o cajas de resonancia –considerados como elementos secundarios, situados en un segundo plano-, sino “actores de la autonomía social”5, centrales para nuestra organización colectiva. En este sentido, es importante la manera en que construimos estos medios, cómo concebimos su gestión, control y propiedad, cómo pensamos mecanismos de organización democrática y participativa. Debemos concebir estos medios como entes que surgen y se instalan como un mecanismo de la propia sociedad, abiertos a ésta, y no como un instrumento “propiedad” de un grupo determinado (sea cual fuere su tamaño o sus intenciones u objetivos).  

b) Así, estos medios de comunicación social tendrán que ser abiertos y conectivos, superando la idea de una falsa horizontalidad. Deberán ser una estructura misma de democracia y de democratización de la comunidad. En este sentido, se tendrán que establecer mecanismos para que las comunidades puedan acceder a ellos con transparencia. Se hace necesario, pues, empezar a pensar las redacciones de los medios como “grupos de facilitación o mediación”, más que como grupo creador de discurso, y establecer criterios claros de acceso al medio. Como ejemplo podemos tomar la agencia catalana de noticias alternativa “Liberinfo”6, que establece un acceso libre a los colectivos inscritos en ella para la publicación de noticias y al envío de las mismas a un amplio listado de periodistas. Los colectivos, grupos, iniciativas se reconocen –desde la diversidad- como participantes activos de una comunidad concreta. A partir de este reconocimiento previo y de la aceptación de las reglas de juego, estos colectivos participan de manera directa y sin mediación.  

c) Y por último, pero no menos importante, deberemos empezar a pensar la construcción de medios como forma de organización social. Percibir que no se está jugando a “hacer de periodistas” sino que se está haciendo política, se está interviniendo en los procesos de producción. Pasquinelli7 afirma que “los medios independientes no sirven para hacer información, sino para construir subjetividades políticas”.    

Gemma Ubasart i González
Integrant de l’Assemblea per la Comunicació Social


1. Julve, X i Ubasart, G. (2003), “La comunicació i la fábrica social. Parlant amb Luca Casarini”, en Illacrua, octubre de 2003, Barcelona.  

2. Se trata de microtelevisiones (de barrio, de lugar de trabajo, de centro de estudio...) que se han empezado a multiplicar en Italia a partir de la primera experiencia, Orfeo Tv, de la ciudad de Bolonia. Parten de la constatación de que con pocos recursos y conocimientos cada vez es más posible hacer TV. Todas estas experiencias se coordinan en la red de telestreet (www.telestreet.it).  

3. Berardi, F. (Bifo) (2002:26-28), “Dristruggere la televisione è possibile”, en Pasquinelli, M. (a cura di) (2002), Media Activism. Strategie e pratiche della comunicazione indipendente, Derive Approdi, Roma.  

4. Paquinelli, M. (2002:144-146), “TV-comunitá TV-condominio TV-citofono TV-quartiere TV-bar”, en Pasquinelli, M. (a cura di) (2002), Media Activism. Strategie e pratiche della comunicazione indipendente, Derive Approdi, Roma  

5. ibidem.  

6. www.liberinfo.net  

7. Paquinelli, M. (2002:16), “TV-comunitá TV-condominio TV-citofono TV-quartiere TV-bar”, en Pasquinelli, M. (a cura di) (2002), Media Activism. Strategie e pratiche della comunicazione indipendente, Derive Approdi, Roma

 

 

Tercer Sector de l'Audiovisual
(www.demanala.tk)

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